De cómo un pequeño koala llegó a mi vida

Aquí estoy de nuevo. Mis labores de tuneo del blog están resultando infructuosas por el momento, me estoy dando cuenta de que mi torpeza tecnológica alcanza límites insospechados… pero debo reconocer que como desahogo para mí misma, está siendo un exitazo. De momento no hay nadie más en la sala, pero oye, yo soy feliz así. Como iba diciendo, las rayas rosas aparecieron en mi vida de repente y aunque al principio fue un susto considerable, en seguida me embargó la felicidad. Las hormonas empezaron a hacer su efecto y me vi inmersa en un mundo de fantasía con flores, campanitas y ranas mágicas con sombreritos extraños (as Homer Simpson dixit). A ello contribuyó un embarazo ideal, durante el cual apenas vomité un par de veces y que no me provocó ningún otro malestar importante. Mi estado rollo sunshine, lollipops and rainbows se incrementó cuando nos confirmaron que esperábamos un niño y es que después de crecer con dos hermanas, me apetecía poner un hombre en mi vida (otro) además del hecho de que siempre había querido que mi primer hijo fuera varón, no sé por qué… los niños eran para mi un reto, un misterio apasionante. Koalín nació un caloruso día de verano, después de haber sufrido una especie de locura estresante pre parto en la que la desesperación por verle la cara se había apoderado de mi. Tras haber puesto en práctica todas las tonterías de la idiosincrasia popular para dar a luz a tiempo (caminar, infusiones varias, sexo absurdo e incómodo, más caminar, chocolate, posturitas extrañas…), mi pobre hijo decidió salir antes de que lo sacara yo misma, y eso que tan solo se demoró dos días de mi fpp. El parto fue rápido y relativamente fácil: rompí aguas a las 3 de la mañana y E. nació a las 13.27, a tiempo para el vermut. Para ser primeriza no está mal, y tengo un buen recuerdo del parto (lo pude sacar yo misma, en seguida me lo pusieron para hacer el piel con piel, se enganchó al pecho divinamente -demasiado bien, 15 meses más tarde aún no lo ha soltado-). A pesar de ello, si algún dia tengo otro hijo sé que daré a luz en un hospital público porque he comprobado que en los privados no dejas de ser un número, una clienta más y si tienen cola porque hay luna llena y están todas pariendo como locas no dudarán en meterte prisa. Eso fue lo que me pasó a mi, que no se respetaron los ritmos de mi cuerpo y se me aceleró con oxitocina cuando no era necesario. Ale, ya lo he soltado. Fin de la cita. yaestaaqui El siguiente capítulo hablará de los primeros meses… una época dura e intensa que a posteriori recuerdo como envuelta por una nebulosa… qué sabia es la puñetera Madre Naturaleza, que nos borra los recuerdos chungos para que volvamos a repetir! Abrazos

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2 comentarios en “De cómo un pequeño koala llegó a mi vida

    • Aaaay qué ilusión, mi primer comentario! muchas graciaaaas! jajajaja
      Pues es una plantilla predeterminada de wordpress así que el mérito no es nada mío! así me quedo de momento, que tunearlo más ya vale dineros, y no soy tan superpro!
      Ahora mismito me paseo por tu blog, esto es adictivo pero es verdad que requiere su tiempo y eso casi siempre escasea…
      Gracias otra vez por pasarte y por la bienvenida! besazoooos

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