Manual de supervivencia para los primeros meses

Retomo el post anterior para contar cómo sobreviví yo a mis primeros meses como madre. Sí, la palabra supervivencia describe perfectamente nuestra existencia durante esos difíciles días que una vez pasan recuerdas con vaguedad (ya comenté que el cerebro se las sabe todas y elimina la nitidez de los recuerdos más duros). Podría clasificar los temas que nos las hicieron pasar canutas de la siguiente manera:

1. Los cólicos. Ese gran misterio pediátrico. La piedra filosofal. 

Pasados los primeros 15 días de luna de miel en los que te deleitas cantando las alabanzas de tu bebé (Es un santo! solo come y duerme, más rico… qué suerte hemos tenido!), la fiera muestra su verdadera cara. Tengo la teoría de que pasadas dos semanas el bebé empieza a ser consciente de que está en un entorno nuevo y hostil. Que si tiene hambre tiene que demostrarlo, que siente frío y calor, que oye ruidos y que una retahíla incesante de personas adultas y extrañas lo toquetea constantemente. Y se revela. Koalín despertó de su letargo postparto y día si dia también empezó a bramar lo más grande, especialmente al caer la tarde. Solo quería estar en brazos, bocabajo a ser posible, y aún así protestaba de vez en cuando. Las noches se iban convirtiendo en una pesadilla infernal… daban las 8-9 de la noche y empezaba el show, nunca olvidaré un dia en concreto en el que empezó a llorar a las 9 en punto y no se calló hasta las 3 de la mañana. Nonstop. Brazos teta-teta brazos y así toda la santa noche.

¿Cómo reaccionan unos padres primerizos más perdidos que un elefante en una cacharrería, agotados, asustados? pues… como buenamente pueden: intentando mantener a raya los nervios destrozados, encerrándose en el baño a llorar, preguntándose qué están haciendo mal. Y, en medio de su desesperación por entender qué demonios le pasa al bebé, indagando, buscando soluciones: infusiones, medicamentos, visitas a urgencias saldadas con la respuesta mecánica del pediatra de turno (son cólicos y no tienen tratamiento, hay que pasarlos y ya está), visitas a osteópatas de bebés que te cobran un riñón y medio para decirte que a tu hijo no le pasa nada en el estómago, sino que sufre de nervios (¿?), y un largo etc.

A toro pasado y habiendo recuperado horas de sueño, a una le da por informarse de forma más serena y se topa con conceptos como la inmadurez del sistema digestivo y neurológico de los bebes y la llamada exterogestación. En resumen, en realidad el bebé no está cerebralmente listo para nacer tras 9 meses de embarazo pero ante la imposibilidad biológica de parir bebés de 9 meses, la naturaleza decide que las cosas sean así y damos a luz criaturas totalmente indefensas e inmaduras que nos necesitan de forma desaforada.

2. La falta de sueño

El sueño de un bebé también vive un largo proceso madurativo, pero claro, una no tiene por qué saberlo. La idiosincrasia popular ya advierte que tener un bebé es igual a no dormir, pero también inventa tópicos como eso de dormir como un bebé y, claro, te confunde… Como madre primeriza esperaba pasar un primer mes durmiendo poco, pero no muuchos meses. Y es que Koalín, como buen koala en plena exterogestación, quería contacto permanente conmigo, así que eso de dormir en el moisés/cuna, como que no. En seguida nos acogimos al colecho como a un clavo ardiendo y aunque probamos todas las variantes (cuna colecho, cuna normal, cuna en su cuarto), mi hijo necesitaba y necesita tocarme, así que a día de hoy continuamos durmiendo en comuna hippy. Y aunque hemos recibido las típicas presiones externas y advertencias cenizas de que nunca jamás de los jamases querrá dormir solo, con la consecuente etapa de sufrimiento y de intentos frustrados por conseguir que durmiera en su cuna, finalmente nos hemos rendido a la evidencia: nuestro hijo aún no está preparado. Y a los demás, que les vayan dando.

3. Dientes dientes, que es lo que les jode (y bien)

Hay teorías que aseguran que si a un adulto le salieran los dientes por primera vez, no resistiría el dolor. Otras, en cambio, defienden que realmente a los niños no les duelne la salida de los dientes y a estos les digo… ¡y un mojón! estos no han conocido a mi hijo. A E. le salieron los dos primeros dientes relativamente tarde: casi a los 9 meses, pero en seguida nos dimos cuenta de que lo íbamos a pasar mal. Y sí, los dientes nos han traído fiebre, noches en blanco y llantos y ahora que estamos con las muelas ya empezamos a ver la luz al final del túnel. En resumen yo creo que como todo en esta vida, hay niños que lo pasan mal y otros que no se entera, igual que hay niños-marmota y hay niños-koala.

4. Lactancia en modo koala

Como ya dije, nuestra lactancia fue y está siendo estupenda, ni un solo problema. Peeero si hemos pasado por las famosas crisis de lactancia, que se traducían en un koala enganchado permanentemente todo el día mamando sin parar. Como siempre todo pasa, y una vez el pequeño glotón reguló la producción, todo volvió a la normalidad.

No todo han sido espinas, el camino también ha estado plagado de rosas si se me permite el cursisímil. mi niño saca un 10 a la hora de comer: todo le gusta y no tiene remilgos en probar cosas nuevas, así que el día que no come como acostumbra se convierte en una señal de alarma de que no se encuentra bien. En habilidades motrices también destaca el bichillo, dominó el gateo e seguida y con 11 meses ya estaba dando sus primeros pasitos. Ahora corre que se las pela, cualquiera lo para!

En fin, hoy sí que por mucho que lo haya intentado evitar, me ha salido Biblia-post. Pido perdón si alguien lo ha leído y se ha dormido. Si lo has leído entero sin desfallecer…

ABRAZOS DE KOALA!

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