Novedades en el frente

Principio de marzo, la primavera ya se empieza a asomar y a mi se me ocurre desempolvar el blog. Y es que la ocasión lo merece, porque… ¡ya somos 4 en casa! Todos estos meses los he dedicado a ponerme gorda y explosionar de amor, momento a partir del cual he pasado a invertir mi tiempo en acoplar al nuevo miembro y en disfrutar al máximo de mi SegundoBebé y mi recién ampliada familia.

El Parto

Los presagios más advertidos por todos y cada uno de los gines que me visitaron se cumplieron, así que sí, SegundoBebé nació ni más ni menos que el último día del año. Lo que viene siendo un ¿no quieres arroz? pues toma dos tazas; mi segundo hijo que tenía que ser el mayor de su generación acabó siendo el más pequeño de sus futuros compañeros de clase, de colegio y de estratosfera. A tan solo 6 horas de ser del año siguiente y concederle a su padre el favor de tener un mes de baja paternal… total, que le acabó haciendo un Jaaa-jaaa a lo Nelson en toda regla.

Me pasé el último mes de embarazo con bastantes contracciones de Braxton, de estas que no duelen pero sí molestan porque al mínimo movimiento se pone la barriga como una pelota de baloncesto hecha de hierro colado. Pero por lo demás, he tenido un segundo embarazo estupendo en el que me he encontrado como una rosa -GORDA, sí, pero una rosa al fin y al cabo-, por eso creí (ilusa de mi) que era más que factible que acabase pariendo en 2017 y que incluso al final hubiera que desalojar. Evidentemente no fue así y la madrugada del 30 al sábado 31 de diciembre, a eso de las 5:30 de la mañana, me despertó una contracción que no había tenido antes (como he dicho hasta el momento habia tenido algunas de Braxton y algún dolorcillo de regla aislado pero nada más), aquello había hecho algo de pupa así que me puse en tensión. Avisé a PapáKoala de como estaba el panorama y no va el muy cabrito y me dice que me estoy sugestionando y que no tengo contracciones… en fin, me aguanté mis ganas de estrangularlo e intenté seguir durmiendo porque parecía que la cosa se había relajado. A las 7 de la mañana mi cuerpo ya me estaba mandando señales porque aunque no tenía dolores estaba incómoda en la cama, así que decidí levantarme e irme al sofá. A lo largo de la mañana me volví a confiar porque aquello parecía estancado… me venían dolores cada media hora o así y eran más que soportables, así que decidimos salir a dar una vuelta. Peeero el cuerpo es sabio y mientras me estaba vistiendo me di cuenta de que mejor haría en estarme quieta y no forzar la máquina, así que a partir de ahi empecé a hacerme a la idea de que fuera como fuera, estaba a punto de caramelo ya que no estaba pudiendo hacer vida normal. Decidí aposentarme en el sofá y reducir mis movimientos al máximo en un intento desesperado por alargar el proceso, pero ni por esas… a las 15:30 de la tarde, después de que PapáKoala me alimentase como a un pajarillo para que no tuviese que moverme del sofá, las contracciones estaban subiendo de intensidad y acortándose el intervalo entre ellas así que decidí ir a tumbarme a la cama, decisión tan absurda como ineficaz. Tumbada duré apenas una hora porque aquello iba in crescendo así que a las 16:30 de la tarde, convencida ya de que lo de parir en 2017 se me escapaba de las manos, me metí en la ducha para que el agua caliente me alivise un poco el baile de san vito que llevaba, contracciones cada 10 minutos mediante. Tres cuartos de hora ni más ni menos estuve en la bañera, aullándole a la luna (discretamente, eso sí, no fuera a traumatizar a Koalín) en cada contracción que ya venían cada 5 mins. Os confirmo desde ya que la abultada factura del agua de ese mes valió la pena, pero no adelantemos acontecimientos…

Yo estaba muy agustico en el agua, bueno, todo lo agustico que se puede estar de parto, más que nada me aterraba salir de la bañera porque ya no podía casi ni moverme, pero PapáKoala me convenció de que ya iba siendo hora de ir al hospital o acabaría pariendo allí. Yo, que debía ya andar medio desquiciada mentalmente, aún seguía emperrada en esperar a las 18:00 de la tarde (ja! a esa hora me quedaban 5 minutos para verle la cara a mi hijo!) pero finalmente nos fuimos al hospital. Con cada bandazo del coche (un poco más y atropellamos a 2 o 3 personas en el trayecto) yo juraba en arameo, porque ya estaba notando una presión en los bajos difícil de soportar. Tal como entramos desde el mostrador me vieron ya mutada en niña del Exorcista, así que a toda prisa nos dieron una silla de ruedas (que menos mal, porque tuvimos que recorrer como 3 km) y ya entramos a urgencias de obstetricia. Allí nos hicieron el interrogatorio de rigor que contestó mi querido ya que yo no estaba en condiciones: -“¿Desde cuándo está con contracciones? – Desde las 5” -Contestó él. La matrona nos miró con cara de… “¿me tomas el pelo? pues qué floja eres, niñata primeriza (eran las 17:30 de la tarde). Con voz de ultratumba me apresuré a aclarar que nos referíamos a las 5 de la mañana y que era el segundo hijo, tras lo cual su expresión se suavizó. Me dijo que me tumbara en la camilla para proceder al tacto y yo, que apenas me tenía en pie, le dije que no podía, que era incapaz de moverme. A toda prisa me desnudaron entre PapáKoala y ella y me hizo un tacto exprés estando yo de pie. Al introducir menos de medio dedo empezó el show, llamó a todas las matronas que pululaban por allí y a gritos pidió que preparasen el paritorio ya que estaba en pleno expulsivo y acababa de tocarle ni más ni menos que la cabeza a mi hijo. Allí mismo dije que necesitaba empujar ya, y casi sin esperar autorización (mi cuerpo a estas alturas iba totalmente por libre) me puse a ello. Ahora me imagino desde fuera y pienso en el percal que tenían las pobres matronas, llevándome a rastras al paritorio, casi coronando, mi chico detrás cargando con mi ropa bolsa y demás y yo en modo locura transitoria.

Ya en el paritorio sentí que me flaqueaban las piernas, mi cuerpo estaba empujando con una fuerza que yo no controlaba. Era como si me hubieran expulsado de mi misma, yo ya no iba a los mandos. Le dijeron a PapáKoala (que como es evidente no llevaba ni bata verde ni ná de ná) que se pusiera detrás de mi para aguantarme, pero aquello no acababa de funcionar, me faltaban fuerzas para parir en cuclillas así que una de las matronas me animó a subirme a cuatro patas en la camilla, y así me puse (con ayuda por supuesto porque por mísma habría sido incapaz de subir). ¡Ahí sí que empezó el show!

atención! lo que sigue a continuación es un spoiler sin tapujos de lo que es parir sin epidural. Se recomienda a personas aprensivas no continuar con la lectura). Con cada contracción hundía la cabeza en la almohada de la camilla gritando hasta quedarme afónica (al día siguiente lo estaba, de hecho). Sentía literalmente que me estaba rajando por dentro, que en cualquier momento iba a oir un “crack”, eso o que me iba a morir directamente. La presión en la vagina, en la pelvis, en el culo, era insoportable… y entonces llegó el famoso aro de fuego, momento en el que la vagina llega al punto máximo de dilatación para dejar paso a la cabeza. Aquello quemaba, quemaba, quemaba de arriba a abajo, una vocecita en mi cerebro decía… pero vamos a ver señores, que no cabe! NO-CA-BE, que se rompe! Las matronas, en un momento dado, me indicaron que controlase muy bien el pujo para evitar desgarro. Previamente iban hablando entre ellas de lo enorme que era el bebé -cabeza incluída- y hacían porra sobre su peso. Lo cierto es que en el clímax de sufrimiento físico que estaba experimentando en vez de molestarme me ayudó que pusieran ese toque de humor.

Todavía no me lo explico, pero conseguí sacar la cabeza y después de aquello, el resto del cuerpo salió “fácilmente”. Jamás olvidaré esa sensación tan física, tan animal, de notar cómo mi hijo salía de mí… me dijeron que yo misma lo cogiera, así que literamente me lo pasé por entre las piernas y lo abracé mientras seguíamos unidos por el cordón umbilical, ya que expresé mi deseo de dejarlo latir hasta el final y que su padre lo cortase como así lo hizo. Finalmente me tumbé en la camilla con mi pequeño cachorrito encima, piel con piel, bien cerquita del pecho para iniciar la lactancia, y yo drogada de oxitocina, de amor, del olor a vida que emanaba su cabecita. Al poco alumbré la placenta, la miré y me seguí sorprendiendo de que algo tan feo sea a la vez uno de los mayores símbolos de vida que existen.

La parte más desagradable del parto fue la sesión de costura. Afortunadamente, y después de lo que podía haber sido, sólo tuvieron que coserme un punto superficial en el periné pero claro, aunque aplican anestesia local, notarlo lo notaba y no era agradable. Ahí, espatarrada, mientras me cosían los bajos entre temblores y me presionaban la barriga para que expulsase bien los restos y el útero empezara a reducirse, sólo podía pensar en que acabasen  de una santa vez y nos dejasen solos a los 3.

Segundo Bebé, a.k.a LindoGatito

Desde la primera noche en el hospital, mi segundo hijo ya me enseñó que cada bebé es distinto y que él no se parecía a su hermano Koalín: no lloraba, no pedía, dormía, se limitaba a hacer ruidos de gatito. También comprobamos que dormía igual de bien en la cama pegado a mi que en la cuna-nido solito, algo que confirmamos en casa con la minincuna. No habían señales de Alta Demanda en el horizonte, y de momento siguen sin haberlas.

Ahora que ya ha cumplido dos meses lo miro y agradezco al karma, al destino, a los dioses que nos lo esté poniendo tan fácil y que podamos seguir centrando nuestras energías en Koalín, que nos sigue necesitando tanto a pesar de sus casi 4 añitos. Afortunadamente, se lleva muy bien con su hermano a pesar de los primeros días en los que tuvo que darse de bruces con el destrone, y lo cubre de besos a la menor ocasión.

…A todo esto una servidora, ante semejante estampa, se ahoga en almíbar cual mamapata orgullosa…

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(imagen de google)

 

Me despido ya, espero que hasta pronto 🙂

 

 

 

 

Al agua patos!

Como creo que ya he dicho en alguna ocasión, este blog está pasando a ser estacional así que… ¡inauguro el verano cuando faltan pocas semanas para desperdirlo, yo soy así!

Ha pasado mucho tiempo, y en todo este tiempo han pasado muchas cosas… La más importante es que por fin nos tiramos a la piscina y… ¡¡estamos embarazados!! Si todo va bien, que de momento así es por suerte, acabaremos o empezaremos el año a lo grande, siendo 4.

 

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Como sabéis, hace un año y pico me rondaba la idea de ampliar la familia dándole un hermanito/a a Koalín. Mis dudas eran muchísimas, y de hecho no nos lanzamos inmediatamente a ello por temor a que fuese demasiado pronto, así que decidimos posponerlo un año más. En el momento en que nos empezamos a plantear el tema y decidimos retrasarlo, lo que sí hice fue empezar a hacerme test de ovulación y estudiar mi cuerpo para que llegado el momento afrontásemos la búsqueda bien informados y con algo de “práctica” en esto de calcular los días fértiles y demás. Estuve desde mayo de 2015 hasta abril de este año con este “estudio previo” y durante estos meses pude constatar varias cosas:

– La duración media de mis ciclos se estabilizó en 27 días con 5 días de duración de la regla.

– Mi ovulación media pasó de ser tardía (día 16-17 de ciclo y por tanto generando fases lúteas muy cortas), a adelantarse a los días 12-13-14 de ciclo, desde dos meses antes de la concepción de SegundoBebé (febrero’16).

Mis cálculos estaban planificados para empezar a buscar en abril’16, de esta manera SegundoBebé sería de los mayores de 2017. Al empezar a planteárnoslo hace un año veía lejísimos el momento de ponernos a buscar y desde luego lo que tampoco esperaba ni en mis sueños más optimistas es que nos íbamos a quedar tan rápido (al primer intento, casi ná)! El caso es que justo el ciclo en el que hicimos diana mi anterior regla se adelantó un día, y la ovulación también… lo que da como resultado que me adelantaron la FPP 5 días en la primera ecografía y ahora es bastante posible que no tenga un mayor de 2017 sino un benjamín de 2016… (papá koala dice que si lo llega a saber hace él los cálculos… juas).

Así que nuestra situación ha cambiado, vaya que sí. Físicamente debo decir que estoy teniendo un embarazo estupendo igual que fue el primero, tan solo molestias típicas las primeras semanas (náuseas, mareo, mucho sueño y cansancio…) pero afortunadamente nunca ha llegado la sangre al río (o la pota al váter, en este caso) así que no me puedo quejar. Psicológicamente apenas soy consciente de mi estado en el dia a dia, no paso horas y horas imaginando cómo será porque no tengo tiempo material, y eso me crea inevitablemente un sentimiento de culpa que no puedo evitar. Claro que pienso en que todo vaya bien, por supuesto, pero en definitiva le dedico mucho menos tiempo. En resumen, pienso en mi pobre hijo, en lo poco que lo invoco en mis pensamientos sin quererlo, en lo poco que estoy imaginándome el futuro siendo 4… Un desastre…

En lo que sí pienso, en cambio, es en cómo va a afectar su llegada a mi pequeño koalín. Estos meses ha pegado un cambio espectacular: ya habla por los codos, el pipi y caca en el orinal y fuera de casa está dominado 100% (incluso de noche, aunque si no hace antes de acostarse algún escape puede haber) En cuanto al pecho, lo desteté del todo a las semanas de estar embarazada porque me moría de dolor por una parte, y por otra porque no me planteaba ni de lejos una lactancia en tándem, así que quería que mis tetas fueran cambiando el chip preparándose para el nuevo inquilino. Por las noches se sigue despertando pero de vez en cuando se alinean los planetas y ya nos ha regalado alguna que otra noche del tirón.

Nos confirmaron que viene otro niño y que todo va estupendamente, lo cual fue una gran noticia. No os voy a engañar, me hacía ilusión tener una niña… y es que en esta sociedad en la que la publicidad nos bombardea con sus fotos de familias ideales formadas por papá-mamá-niño-y-niña es difícil no dejarse llevar por los clichés. Pero cada vez estoy más contenta con la idea de ser la reina de mi casa y de tener a tres hombres rindiéndome pleitesía (juajuajuaaa), aparte del hecho consabido de todo lo que voy a aprovechar del mayor. Eso de que van a jugar más o se van a llevar mejor no lo tengo tan claro, ya que Koalín tiene un carácter a priori más afín con las niñas que con los niños: su forma de jugar es tranquila y pausada (los niños que gritan, se tiran al suelo, hacen movimientos bruscos, etc lo ponen nervioso), es ultrasensible y todo le afecta (las niñas suelen ser más comprensivas cuando reacciona mal por sentirse atacado) en fin, todo especulaciones que no se confirmarán o desmentirán hasta que no tengamos aquí a Bebé2 (tengo que esperar a que nazca y conocerlo para saber qué mote le va más, jajaja).

Y pensar que hace tres años por estas fechas estaba yo embarazadísima, a días de parir y en paro desde hacía 1 mes y medio, lo que significa, con muchísimo tiempo libre para imaginar, especular y ponerme histérica mucho antes de tiempo (tanto, que mi pobre hijo mayor se retrasó tan solo dos días y yo ya estaba como si llevara 1 año embarazada). Este año estoy solo de 5 meses, poco a poco va asomando la barriga de preñi total y entre el trabajo y mi koalita a tope de power con sus recién estrenados 3 años (este sábado estaremos de celebración cumpleañera!) digamos que tiempo de aburrirme no tengo.

Mi pequeño #babyflash, te quiero con locura, aunque parezca que no es así… tu madre que va todo el día como las locas pegando voces y desmayándose en el sofá al tocar las 7 de la tarde piensa en ti y se muere de ganas de conocerte. Tienes un hermano que es un encanto, cariñoso, sensible y listo como el que más… pero está en una edad difícil y a veces nos pone a prueba, seguro que tú también lo harás. Espero y deseo que os améis con locura cuando os conozcáis, aunque al principio os cueste adaptaros el uno al otro. Porque para mi sois el mayor regalo del mundo y seré muy feliz si os consideráis a vosotros de la misma forma.

En fin, que tantísimos meses de espera con el blog abandonado a su suerte tenían un por qué (bueno, podrían no haberlo tenido, que ya nos conocemos y yo soy muy de ahora me ves-ahora no me ves).

Intentaré ir actualizando conforme avance esta gran aventura en la que nos hemos metido!

(Y a ti, papakoala, GRACIAS por darme lo más grande, por tu paciencia, por tus desvelos, por tus esfuerzos infinitos. LOVIU.)

En busca del cole perfecto

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Como buena madre de hijo único que pasa por todo por primera vez, el tema coles me viene preocupando prácticamente desde final del verano pasado. De hecho, hace meses y meses que confeccioné una lista de colegios que nos entran por área (públicos y concertados); lista que se ha ido reduciendo progresivamente conforme me daba cuenta de que quien mucho abarca, poco aprieta.

Pasadas las vacaciones de Navidad ya inicié mi primera ronda de contacto con los colegios que nos interesaban via e-mail para interesarme por sus jornadas de puertas abiertas-visitas guiadas. La mayoría me conminaron a esperar a febrero y a consultar sus webs, ya que en ellas irían anunciando las fechas de todo el proceso. Así lo hice y me topé con la primera sorpresa desagradable:

–          Algunos colegios NO hacen jornadas de puertas abiertas, sino visitas individuales a los padres EN HORARIO ESCOLAR (supuestamente para que puedas ver a los niños en su salsa) con lo que deduzco que buscan padres en paro que no puedan pagar sus matrículas. Muy lógico todo.

El resultado de este sorprendente hallazgo fue descartar fulminantemente los colegios que no me pusieron ninguna facilidad para darse a conocer. Pues con todo el dolor de mi corazón, adieux .

Una vez tuve mi calendario de visitas completito comprobé que las dos primeras semanas de este mes de marzo iban a ser intensas, ya que todas las visitas se concentraban en esos 15 días.

En resumen, ha habido de todo: colegios a los que previamente yo tenía algo idealizados y que han caído del pedestal y al contrario (en concreto un caso): un colegio público hacia el cual no tenía ninguna expectativa especialmente positiva que nos sorprendió muy gratamente.

El día 30 de este mes se abre la veda de las preinscripciones y ahora que ya tenemos más que claro cómo funciona el tema de los puntos, zonas de influencia, etc. queda lo más difícil: LA DECISIÓN FINAL (seguro que acabo de violar millones de derechos de autor por el título de alguna película de sobremesa de Antena3).

Finalmente, de una lista inicial de unos 15 colegios fuimos a visitar 5 y de estos 5 tenemos claro los 3 que pondremos en la lista, aunque la pugna encarnizada del podio obviamente está entre las posiciones 1 y 2 para las que barajamos 2 colegios: uno público y uno concertado. De momento lo que hemos hecho (no físicamente, pero sí hablado en infinidad de ocasiones) es elaborar la típica lista con los pros y contras de cada uno. Aquí van:

–          Público:

  1. PROS: Nos pareció muy cercano y familiar. Las instalaciones son una pasada: patios enormes, edificio nuevo y luminoso, huerto espectacular, aulas de infantil muy parecidas a las de la guardería (por lo que a priori la adaptación al menos espacial sería más fácil). Trabajan por proyectos (dos al año), parten grupos en algunas materias, persona nativa en lengua inglesa para conversación a partir de primaria, natación extracurricular en infantil y curricular en 1º de primaria, cocina propia, atención a infantil muy respetuosa (no hay prisa por tema pañal, les dejan hacer siesta). Participan en proyectos sociales solidarios, abren los patios los domingos a cualquiera que quiera ir aunque no sea alumno, trabajan con tablets, pizarras electrónicas y portátiles. Tienen un equipo muy bueno de atención a niños con necesidades especiales. Precio público.
  2. CONTRAS: como todos los colegios públicos (que yo sepa), es de una sola línea (CEIP), por lo que a los 12 años tocaría cambiar a instituto. Eso nos da un poco de miedo, creemos que es una edad delicada para un cambio así. No tenemos claro tampoco que académicamente el nivel sea muy alto. Nos advirtieron que con los puntos de proximidad íbamos a sorteo seguro.

–          Concertado:

  1. PROS: Enfrente de casa, literalmente. Trabajan por proyectos y per racons -desconozco cómo lo llaman en castellano… ¿por rincones?-, de hecho a estas alturas raro es el colegio que no lo hace. Hacen inglés desde P3 con canciones y demás. Llega hasta 4º de ESO (16 años). Cocina propia. Natación extracurricular en infantil y curricular en 1º de primaria. Trabajan con tablets, pizarras electrónicas y en un proyecto de google que se llama ChromeBook, una herramienta a través de la cual trabajan online y el profesor puede ayudar y corregir sobre la marcha.  Comunicación directa e interactiva con los padres. Posibilidad de hacer Alemán en la ESO. Intercambios en Reino Unido. Precio razonable para ser concertado. El acceso está prácticamente asegurado.
  2. CONTRAS: Edificio mucho más vertical, instalaciones más envejecidas. Patios más pequeños. Estrictos en infantil con el tema pañal (han de empezar el cole sin, aunque si se mojan evidentemente les cambian de ropa) y tampoco hacen siesta, pero si ven que el niño tiene sueño sí lo ponen a dormir.

Así las cosas, nos queda lo más difícil… Madre mía, nadie te avisa de la responsabilidad que se siente ante semejante decisión! Iremos informando de cómo ha quedado el podio finalmente 😉

Expectativas vs. Realidad

Este es mi primer post escrito desde el móvil, así que no sé cómo me saldrá… Pero mi necesidad de desahogo es tan grande y mis posibilidades de currarme una entrada como dios manda con el ordenador son tan escasas que prefiero arriesgarme.

Acabamos de llegar de “celebrar Carnaval” en la guardería, y lo pongo entre comillas porque ha sido cualquier cosa menos una celebración: al entrar por la puerta de la clase y vernos, E. Se ha tirado al suelo y al acercarnos se ha puesto a llorar escondiéndose entre mis piernas para acto seguido pedirme que le cogiera y que nos fuéramos.

No es la primera vez que nos la lía en actos sociales-fiestas-reuniones multitudinarias, de hecho íbamos bastante mentalizados porque lo conocemos y sabemos lo poco que le gustan este tipo de situaciones. Y es que desde que era un bebé se nos ha hecho muy difícil incluirle en cualquier evento que implique estar rodeado de gente, en sitios extraños o haciendo cualquier cosa que salga de su rutina… Las veces que lo hemos hecho el resultado ha sido tener al niño enganchado a nosotros llorando e irnos al poco rato de llegar con los nervios de punta.

Esto siempre me ha generado sentimientos encontrados: por un lado quiero a mi hijo tal y como es, acepto y respeto sus preferencias pero al mismo tiempo (supongo que por generarme expectativas poco realistas) no puedo evitar frustrarme e incluso enfadarme con él… No podría ser más abierto, menos tímido, menos llorón, más sociable, menos apegado a mi, más independiente? más más menos menos… Como yo quisiera, vaya. Y he ahí el quid de la cuestión, porque al final me acabo sintiendo mal por compararle con otros niños o querer que sea de tal o cual forma. Los niños son como son y punto, porque además tienen todo el derecho del mundo a serlo. Tampoco significa que vaya a ser siempre así, quizá simplemente aún no está preparado para enfrentarse a ciertas cosas. Me lo repito mientras se me van los ojos detrás de niñas vestidas de princesa saltando mientras sus padres les hacen fotos y niños corriendo felices, sin llorar, sin tirarse al suelo… Me lo repetía en la clase al ver a todos sus compañeros bailando y jugando mientras mi hijo lloraba y se escondía detrás de mi. Me lo repito sabiendo que no está preparado para actividades extraescolares, museos, teatro o cine…. Sabiendo que llevarlo simplemente a comer fuera ya es toda una odisea.

Sé que crecerá y no le veré el pelo en casa, cuando ahora apenas quiere pisar la calle. Crecerá y dejará de pedirme que le coja en brazos, dejará de marearme con síes que son noes y dejará de expresar todos sus sentimientos con el lloro.

Cuando llegue ese momento supongo que me reiré recordando lo huevón que era de pequeño y me vengaré contándoselo a sus novias y amigos… Mientras tanto, seguiré intentando aparcar mis expectativas y valorar lo especial y único que es mi koalita, en toda su esencia 😊.IMG_2574

Volver a casa por Navidad

Bueno, a este paso creo que este blog va a pasar a ser estacional… escribí el último post para despedir el verano y aquí estamos, a las puertas de la navidad,  y hasta ahora no he sido capaz de aparecerme por aquí. Ya no me disculpo ni nada, en primer lugar porque mucho me temo que esto va a ser así forever, y en segundo porque dudo mucho que alguien lo lea! jajajaja

Como quien no quiere la cosa el mes pasado este pobre y abandonado blog cumplió su primer aniversario sin pena ni gloria… no hice reseña de ello ni mención alguna ni ná de ná! soy una descastada… pero en fin, mis pretensiones están tan bajo mínimos que no sé si podré subsanar tamaño desprecio…

Koalín está hecho una fierecilla entrañable que chapurrea sin parar. Este otoño hemos sufrido algún ataque vírico que otro pero desde luego hemos notado una gran mejoría en cuanto a fortaleza inmunitaria, y menos mal porque a estas alturas el curso pasado andábamos al borde de hacernos el harakiri con un plátano maduro. Por suerte, los meses pasan y van curtiendo! En la guarde todo estupendamente, este año lo lleva cada mañana la yaya porque mamá entra a trabajar cuando ponen las calles y no era posible, aunque sí voy a buscarlo cada día a las 15:30. En cuanto me acerco a la puerta de su clase ahí está él con la carita pegada al cristal, es verme y se le iluminan los ojos y pone esa sonrisa de ratón que me vuelve loca.

Por lo demás puedo decir que seguimos igual, sigue teteando una vez de dia y una o dos de noche, y así seguiremos por los siglos de los siglos hasta que él decida… mis intentos infructuosos de destetar me han acabado haciendo cambiar de idea, aunque tengo claro que con mi segundo hijo las cosas se harán de otra manera… o al menos pondré todo mi empeño en que así sea, que luego una es de natural blandengue y la última palabra la acaba teniendo el querubín. Respecto al control de esfínteres el avance más importante que ha habido es que Koalín ha empezado a superar esa especie de pánico nuclear que tenía al simple hecho de evacuar aguas mayores, miedo que le hacía aguantarse y que desencadenaba en estreñimientos malignos. Ahora el tiempo y las semillas de lino molidas mezcladas con la comida le han regulado y al hacer blando durante un tiempo parece que hemos superado el bache. Ya consigue hacer sus cositas sin ayudas externas y con la frecuencia esperada, aunque el sitio donde las hace siga siendo el pañal. La llegada del buen tiempo y sus 2 años y medio supongo que nos animarán a volver a intentar la operación orinal.

Y la mamma koala, que soy yo… pues aquí ando, corriendo todo el día arriba y abajo, intentando parar de vez en cuando a coger aire y a disfrutar de la vida que solo hay una y nadie la vivirá por mi…

Intentaré volver antes de que acabe el año pero, por si acaso… os deseo muy felices fiestas y que el año que viene venga cargado de cosas bonitas!

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El final del verano llegó (y tú partiráaas)

Bueno, pues ya está aquí el temido mes de septiembre! El verano da sus últimos coletazos en forma de tormentas y gotas frías y la ciudad vuelve a ser la que era, llena de gente estresada y atascos.

El cumple de Koalín ya pasó y constaté algo que ya me estaba temiendo, a saber, que 2 años siguen siendo pocos años para grandes eventos. Menos mal que no me dio por alquilar espacios ni vinieron niños porque mi hijo el ultrasensible repartió rabietas e indiferencia por doquier a sus abuelos, tias, a nuestros amigos y a todo quisqui. No quiso soplar las velas y al único regalo que le hizo caso fue a la supermansión estupenda de Feber que finalmente cayó como era de esperar, y menos mal porque menudo acierto. Eso sí, descubrió las palomitas de maíz y se hizo fan.

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En 15 días toca vuelta al cole (bueno, vuelta a la guarde por último año) y aunque me encantaría que la adaptación no fuera muy dura para él, el verano libre y salvaje ha sido muy largo con lo que nos esperan previsiblemente unos días de estrés. Por suerte la buena noticia es que papakoala y yo tendremos esa semana de vacaciones para dar apoyo logístico y moral al peque…

No obstante estos meses estivales nos han servido para crecer, y no solo físicamente: Koalín duerme solo en su cama y en su cuarto desde los 23 meses. Prácticamente no han habido llantos ya que siempre hemos acudido cuando nos ha llamado y ha tenido a su amada teti siempre que la ha necesitado. Por ese lado, reto conseguido aunque sigamos sin saber qué es eso de dormir del tirón…

Nos vamos al otoño con dos temas que de momento siguen pendientes: el abandono del pañal y de la teta. En ambos casos han habido intentos infructuosos, por lo que hay que seguir esperando a que el prota esté preparado.

Mañana tenemos la revisión de los 2 años así que podremos ver qué tal vamos de peso y altura, además de comentar un tema que nos tiene bastante preocupados… y es que desde hace varios meses, E. se aguanta las aguas mayores. Hace cada 4-5 días y últimamente solo a base de supositorios de glicerina puestos en auténticas batallas campales de berridos y patadas. En nuestro caso este aparente miedo que tiene no puede deberse a ninguna presión por dejar el pañal, ya que el tímido intento que hicimos en julio fue un fracaso tan estrepitoso que directamente me olvidé del tema. Buceando en internés, ese gran aliadoenemigo, he leído artículos muy interesantes al respecto que me han abierto un poco los ojos: por lo visto el estreñimiento en esta etapa de pre control de esfínteres es un tema más psicológico que físico, lo cual me alivia ya que no entendia como un niño que toma tantísima fruta, verdura, zumos y agua podía estar estreñido. Por lo visto a esta edad empiezan a ser conscientes de su cuerpo y por ende también de las heces, que no saben diferenciar de sí mismos como elementos de deshecho que son y por ese motivo el hecho de hacer caca lo viven como algo angustioso, como si perdieran algo suyo. Siendo así ofrecían algunos tips y consejos para trabajar con el niño y ayudarle a entender que es un proceso fisiológico normal: comprar plastelina marrón-negra y literalmente moldear truñis, poner a todos los muñecos a hacer popó y por supuesto hacer partícipe al peque de nuestros propios momentos allbran (Koalín ya ha presenciado algún espectáculo escatológico que otro y de momento no hemos logrado superar el trauma).

En fin, próximamente compartiremos los avances en este tema y los consejos de la pediatra, a ver si nos ilumina un poco…

Besos y feliz back to reality!

Preparando el 2º Cumpleaños

Los 2 añitos ya se acercan y estamos en plena preparación del evento. Como ya dije en el anterior post, la celebración será bien sencilla y con los más allegados en casita por lo que tampoco va a haber mucha pompa y boato. Hemos comprado menaje de usar y tirar y decoración de Pocoyó ya que al peque le encanta, así que cómo no hacer un cumpleaños temático sobre el famoso niñito azul! Sus yayos quieren también encargarle una tarta de Pocoyó, así que nos va a salir por las orejas (como si no lo tuviéramos ya hasta en la sopa, jajaja).

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En cuanto a los regalos su padre y yo queremos optar por el fomento de la lectura, así que además de comprarle la mini biblioteca azul de cohetes de Eurekakids donde guardar sus libros,

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los abuelos maternos se encargarán de llenarla con los siguientes títulos que me parecen acertados para la edad que va teniendo el koalita:
¿A qué Sabe la Luna? Me lo han recomendado mucho y por lo que he leído es un cuento muy bonito para incentivar la imaginación
Adivina Cuanto Te Quiero – Da herramientas a los niños para expresar un sentimiento tan difícil de explicar como el AMOR.
El Monstruo de los Colores – Un poco en línea del anterior, ayuda a describir un amplio abanico de emociones que a esta edad muchas veces no saben expresar (y de ahí vienen muchas veces las temidas rabietas).
Poquito a Poco – Me lo recomendó una amiga, es un cuento precioso en el que una nutria le pierde el miedo al agua como dice el título, poquito a poco, animando a los niños a superar sus miedos.

También le hemos cogido por Amazon dos juegos de puzzles, uno de animales de granja en madera (vienen 4 distintos) y otro magnético de peixets (pececitos), que le vuelven loco.

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Por último, en la primera línea de nuestra imaginaria wishlist tenemos la Casa Fantasy de Feber para satisfacer la insaciable obsesión de nuestro hijo por abrir y cerrar puertas. Se la querríamos poner en la terraza (y en invierno en el salón, hasta que nos hartemos de tenerla por en medio y vuelva afuera) para que entre y salga y abra y cierre todas las veces que quiera. Aunque por precio (99 Euros) es muy probable que la cosa quede en nada…

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Y finalmente sus yayos paternos seguramente le regalen un trenecito con su via, ya que a E. también le vuelven loco los medios de transporte en general, especialmente coches y trenes.

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Bueno, creo que no se puede quejar! Quién sabe, igual acabamos haciendo bote común para comprar la casita de marras… y con tanto trasto en breve nos iremos debajounpente! En breve también habrá que ir pensando en trasladar a Koalín a la habitación donde ahora tenemos un mini despacho (que es más grande) porque de momento el pobre en la suya solo duerme y lo visto… no hay espacio para más y su sitio de juego es el salón, que más que un salón parece una ludoteca… jajajaja

Ya contaremos como va el Gran Día! besitooos