1990

Un poco de regresión en forma de escritura automática antes de dormir…

Cuando pienso en mi infancia lo hago con mucho cariño, creo que fui muy feliz.

Recuerdo los veranos en la Cala de Mijas, en Málaga, con mis primos y tíos. Recuerdo días de playa interminables saltando las olas (las fragosi o así las bautizamos, vete a saber por qué) al atardecer todos cogidos de la mano, para volver corriendo bajo la sombrilla a degustar la merienda a base de colacao y magdalenas que nos daba la abuela, al calor de los últimos rayos de sol de la tarde.00 1 MAR

Recuerdo las noches mágicas de verano y casi puedo aspirar el olor a jazmín y azahar, puedo oir el chirriar de los grillos o la musiquilla tan característica del afilador a primera hora de la mañana.

Recuerdo a la vecina de abajo, Justa, y a su perrito Canuto.

Recuerdo las historias que nos contaban mis tíos a toda la patulea de primos y primas, sobre el torreón frente a la terraza que fue rebautizado como el Castillo del Pulpo Marino, o Manino en la medialengua de mis 5 años de entonces. Recuerdo el montaje que hicieron tras explicarnos que una de las estrellas que veíamos titilando desde la terraza, la más grande y brillante, era la Estrellita de los Pitufos que concedía caramelos y chucherías a los niños buenos. Recuerdo gritar a la noche estrellada junto a mis primos (Estrellita de los Pitufooooos!!) y ver cómo caían mágicamente caramelos y piruletas (del terrado del edificio y lanzados por mis tíos, claro).

Recuerdo las sesiones del cine de verano y los Frankfurts con ketchup en la mesa de la terraza. Recuerdo las siestas largas y tediosas, con la chicharra de fondo. Recuerdo la sensación de labrisa marina nocturna sobre la piel tostada por el sol. Recuerdo el pulpo que pescó mi tio Pepe y a mi abuela peleándose con el bicho, que se le resbaló y se enganchó en el suelo de la cocina.

Recuerdo el cortijo de la tia Carmen, en Alhama, y el tractor del tío Alfonso. Recuerdo las gallinas y los pollitos. Recuerdo el monte, las excursiones y el calor sofocante. Recuerdo las paellas con sabor a campo.

niños campo

Recuerdo todo eso y solo espero estar a la altura, conseguir que mi hijo el día de mañana al ponerse nostálgico recuerde su infancia con el mismo cariño que yo.

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Esos locos bajitos, qué ricos son!

Como podéis ver, mi blog sigue buscando su propia identidad… cambiamos más de diseño que de ropa interior, es lo que tiene ser nuevo y estar under construction! A ver si pronto pongo el huevo y me quedo quieta con un diseño bueno bonito barato (sobre todo eso, que en esta casa parece que al más mínimo cambio ya te quieren embutir el Premium para que sueltes los cuartos…).También quiero poner a trabajar a mi hermana pequeña la artista para que me forje una identidad virtual competente y apañá… En fin, que me lío, me centro en lo que me traía de nuevo por aquí…

Los niños son seres fascinantes: rabiosamente sinceros, impulsivos, selfcéntricos y naturales como la vida misma, despojados de toda esa capa cultural de protocolos sociales con la que los adultos nos vamos cubriendo al dejar atrás la niñez. Esta mini reflexión me surge después de que una compañera de trabajo me enseñara en Youtube el vídeo de un experimento psicológico hecho con niños llamado The Marshmallow Test (La Prueba del Malvavisco). En ella sientan a varias criaturas de unos 4 años en una mesa con un plato delante. Sobre el plato, una chuchería muy popular en Estados Unidos (parecida a una nube de azúcar, suelen clavarla a un palo y la ponen a tostar en las fogatas cuando van de campamento y cosas así, por lo visto al español se traduce como malvavisco). El challenge que les plantean es dejarlos solos en la habitación durante 15 minutos sin que se coman el dulce. Si lo logran les dan otro y se pueden comer los 2. A continuación el vídeo:


Además de lo gracioso que resulta ver la reacción de cada niño, como luchan contra su deseo y su primer impulso de zampárselo, el experimento quiere demostrar que esforzarse para obtener una gratificación a largo plazo es algo que nos cuesta a todos y que, como muchas cosas, se consigue con el tiempo.
Actualmente, este vídeo se muestra a asistentes a ponencias y cursos sobre emprendimiento porque el mensaje es claro: si te lo curras, recibirás tu recompensa.

Abrazotes!