Volver a casa por Navidad

Bueno, a este paso creo que este blog va a pasar a ser estacional… escribí el último post para despedir el verano y aquí estamos, a las puertas de la navidad,  y hasta ahora no he sido capaz de aparecerme por aquí. Ya no me disculpo ni nada, en primer lugar porque mucho me temo que esto va a ser así forever, y en segundo porque dudo mucho que alguien lo lea! jajajaja

Como quien no quiere la cosa el mes pasado este pobre y abandonado blog cumplió su primer aniversario sin pena ni gloria… no hice reseña de ello ni mención alguna ni ná de ná! soy una descastada… pero en fin, mis pretensiones están tan bajo mínimos que no sé si podré subsanar tamaño desprecio…

Koalín está hecho una fierecilla entrañable que chapurrea sin parar. Este otoño hemos sufrido algún ataque vírico que otro pero desde luego hemos notado una gran mejoría en cuanto a fortaleza inmunitaria, y menos mal porque a estas alturas el curso pasado andábamos al borde de hacernos el harakiri con un plátano maduro. Por suerte, los meses pasan y van curtiendo! En la guarde todo estupendamente, este año lo lleva cada mañana la yaya porque mamá entra a trabajar cuando ponen las calles y no era posible, aunque sí voy a buscarlo cada día a las 15:30. En cuanto me acerco a la puerta de su clase ahí está él con la carita pegada al cristal, es verme y se le iluminan los ojos y pone esa sonrisa de ratón que me vuelve loca.

Por lo demás puedo decir que seguimos igual, sigue teteando una vez de dia y una o dos de noche, y así seguiremos por los siglos de los siglos hasta que él decida… mis intentos infructuosos de destetar me han acabado haciendo cambiar de idea, aunque tengo claro que con mi segundo hijo las cosas se harán de otra manera… o al menos pondré todo mi empeño en que así sea, que luego una es de natural blandengue y la última palabra la acaba teniendo el querubín. Respecto al control de esfínteres el avance más importante que ha habido es que Koalín ha empezado a superar esa especie de pánico nuclear que tenía al simple hecho de evacuar aguas mayores, miedo que le hacía aguantarse y que desencadenaba en estreñimientos malignos. Ahora el tiempo y las semillas de lino molidas mezcladas con la comida le han regulado y al hacer blando durante un tiempo parece que hemos superado el bache. Ya consigue hacer sus cositas sin ayudas externas y con la frecuencia esperada, aunque el sitio donde las hace siga siendo el pañal. La llegada del buen tiempo y sus 2 años y medio supongo que nos animarán a volver a intentar la operación orinal.

Y la mamma koala, que soy yo… pues aquí ando, corriendo todo el día arriba y abajo, intentando parar de vez en cuando a coger aire y a disfrutar de la vida que solo hay una y nadie la vivirá por mi…

Intentaré volver antes de que acabe el año pero, por si acaso… os deseo muy felices fiestas y que el año que viene venga cargado de cosas bonitas!

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Segundas Navidades en pañales

Nos disponemos a entrar de pleno en las segundas Navidades de Koalín. Este año obviamente se entera más de todo, se le van los ojos detrás de las luces navideñas de la calle… y nuestro sencillo árbol de Navidad que antaño pasaba unos apacibles días adornando la casa, esta vez se ha visto elevado a las alturas para que el pequeño terrorista domestico no le de un zarpazo (aún así hace auténticos esfuerzos por tirarlo al suelo y por electrocutarse con el enchufe de las bombillitas de colores). También ha visitado nuestro hogar por primera vez el Cagatió, al que E. Mira con curiosidad y lo coge y lo toquetea como diciendo… ¿wtf? Qué hace un cacho de tronco con ojos en mi casa? Hemos decidido que, para evitar el despiporre consumista que solo nos lleva a una acumulación de trastos malsana, le haremos un regalo para Papa Noel y otro para Reyes, abuelos un regalo-yayos otro. Tiraremos hacia juguetes educativos-interactivos tipo cocinita, piezas de construcción y garaje con coches ya que son las tres cosas por las que muestra predilección (que además mire usté, también son cosas muy Montessori y muy Waldorff y muy de esta gente pedagógica que tanto sabe). La maternidad ha cambiado mi visión de la Navidad, sin duda. Cuando era niña era una etapa fascinante marcada por las vacaciones, las actividades en familia y más que los regalos, la ilusión. Al hacerte adulto todo pasa, y estas fechas tienden a rodearse de cierto halo de melancolía por acordarte de los que faltan, o simplemente porque la sociedad te empuja a una vorágine de comidas copiosas, convencionalismos y gasto inútil. Todo ello acentuado además por la consciencia de que el tiempo pasa y la mirada infantil no vuelve. Dejando de lado las reflexiones profundas, otra de las novedades que ha traído la maternidad a mi vida son los diy’s: yo soy de natural torpona y la poca creatividad que puedo tener la invierto escribiendo, pero el diseño y las manualidades digamos que no se hicieron para mí. Pues desde que mi koalita va a la guardería, en cada celebración me “castigan” con deberes artesanales… que si instrumentos musicales con material reciclado para Santa Cecília (21 de noviembre que resulta que es el día de la Música, y yo sin enterarme), que si adornos navideños también con material reciclado… así que ya me véis, buscando en San Google como una loca y viendo tutoriales en Youtube que me incitan a pensar… qué arte tienen algunas oiga, y cuanto tiempo libre…

Abrazos de Koala!

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