Una pausa (necesaria) en el camino

Tantos días de silencio tienen explicación… y es que el mundo laboral al que con tanta frecuencia pongo a parir tenía una sorpresa guardada para mi: al acabar mi contrato enlacé con otro trabajo al que dedico 5h semanales más, cosa que estoy acusando. Pero he decidido autopararme a mi misma y obligarme un poco a escribir aunque a estas horas ya se me caigan las pestañas…

Reconozco que paso por la semana como una exhalación sin apenas tiempo de mirarme el ombligo demasiado… trabajo 7h con conceptos que me resultan absolutamente complejos y nuevos (con lo cual salgo de la oficina que la cabeza explota explotame explooooo), corro a buscar al niño a la guardería, como cualquier cosa a las 16:30 de la tarde mientras mi hijo me reclama tras toda la mañana sin mi (metiendo las manos en mi plato, literalmente, o comiéndose mi comida, o saltándome encima para que le de teta o… etc etc, las posibilidades son infinitas…). Recojo la cocina, juego con él y sin apenas darme cuenta ya son las 17:30, hora en la que llega papakoala y disfruto de 1h de recreo-paz. Normalmente la invierto en espachurrarme en el sofá ante la televisión o el ordenador, pero lo que me pide el cerebro sin duda es no hacer nada productivo. Luego jugamos un rato los tres, o papakoala sigue mientras yo hago cosas por casa (o al revés) hasta que sobre las 19:30-19:45 empezamos operación baño-cena. Mientras duermo al trastete papakoala hace la cena y si los hados nos son favorables a las 21:00-21:30 el angelito duerme y nosotros disfrutamos de una horita o dos más de paz antes de desmayarnos en la cama.

madre-bebe

Pues eso, que… ¡Bienvenida a la realidad de miles de millones de madres! agotadora e intensa… lo más gracioso de todo es que en medio de tanta vorágine, en medio de las primeras rabietas de koalín que ya anuncian a bombo y platillo los terribles dos años, me sorprendo a mi misma ya haciendo cálculos y pensando en hermanitos… debo de estar loca de remate… jajajajajaja

Diría que hasta pronto pero… no prometo nada!

Mañana será otro día…

Que tu hijo encadene un virus tras otro sin recuperarse del todo nunca, que cada mañana llore y te eche los brazos puede querer decir que a su manera te está implorando algo… “mamá, no vayas a trabajar…Mamá, no me dejes solo. No me dejes con gente extraña en un sitio extraño. No me dejes con gente que por muy conocida y querida que sea, no son tú. Soy pequeño, y es a ti a quien necesito”.
En este extraño mundo en el que vivimos, generalmente no queda otra opción. Hay que salir a ganar dinero para pagar una casa, comida y ropa que ponernos. Hay que salir a ganar dinero para pagar a personas que cuiden de tu hijo mientras tú sales a ganar dinero para pagar a personas que cuiden de tu hijo mientras tú…. Y así se entra en una espiral cargada de sinrazón y paradojas absurdas.
El panorama actual, para más inri, te obliga a vivir en la incertidumbre perpetua. Con el culo permanentemente encogido mientras se acerca la fecha de caducidad de tu contrato de subcontrata de subcontrata de subcontrata por ETT (enfermedades de transmisión temporal), de tres meses de duración (uno de prueba, always, aprieta más el culo si cabe).

“¿Has estudiado algún máster en la Universidad de Massachussets? ¿No? Vaya..
¿Hablas ruso, cantonés, urdu? Oops..
Tienes una decena de postgrados en márkting, community manager, emprendedurismo social, branding, multimedia, creación de apps? Ajá…
Bueno.. ya te llamaremos para el puesto de teleoperadora que solicitas…”

Este podría ser un resumen de las posibilidades laborales hoy en día.
Y se supone que por este panorama tengo que dejar a mi hijo, constantemente enfermo, al cuidado de terceras personas. Porque ¿qué alternativas hay?

1. Podemos mudarnos a la Aldea del Arce, hacernos eco sostenibles y cultivar nuestras propias patatas… en las pelis parecen felices.

2. También puedo aprender ganchillo, hacer cupcakes o muñecos con imperdibles de forma artesana para venderlo por internet e intentar abrirme hueco en un mercado ya sobresaturado de otras madres desesperadas como yo. Oops, me temo que llego tarde…

3. Puedo dejar de ir al cine o a comer fuera una vez al mes, puedo comprarle la ropa a mi hijo en tiendas de segunda mano y puedo (debo), por supuesto, asumir que será hijo único.

4. También podemos mudarnos al extrarradio a un piso de 40m2, quién necesita lavadero y terraza?

Que sí, que no todo es tan negro… hay una amplia gama de grises que ahora mismo no puedo ver porque tengo el día girado. Pero necesitaba vomitar esta especie de tragicomedia hoy y quién sabe, mañana será otro día…

031208-precariedad ViñetaParo

*Viñetas extraídas de Google Imágenes. Autoría J.R. Mora y el gran Forges.

Salir de la madriguera

Cuando nació Koalín, mi cerebro hizo las conexiones (o más bien desconexiones) pertinentes y mi mundo se mudó a las cuatro paredes de mi casa. Tras las 16 semanas de baja maternal, volví al paro y por tanto permanecí pegadita a mi bebé sintiéndome muy afortunada por poder hacerlo, ya que la inmensa mayoría de mujeres deben separarse de sus hijos a los 4-6 meses para volver a la vorágine del mundo laboral.

Podría decirse que el primer año de vida de mi hijo me absorbió por completo, pero pasados esos 12 meses, la necesidad económica (y, por qué no decirlo, mental) de trabajar empezó a agobiarme. Hoy en día son pocas las parejas que pueden permitirse que solo uno de los miembros trabaje fuera de casa y nuestro caso desde luego no era ese… vivir de alquiler casi en el centro de una gran ciudad se paga a precios desorbitados, y si a eso le sumamos sueldos de risa, ya tenemos un nivel de inseguridad económica estupendo.

Que yo trabajase implicaba, claro, que E. fuera a la guardería.Tampoco podemos contar con mis padres o mis suegros para hacer de canguros más que puntualmente, así que no había otra. Tuvimos la suerte de que nos tocara plaza en una guardería pública (municipal) al ladito de casa y además con muy buenas referencias que se vieron confirmadas empíricamente.

¿Lo malo? bueno, además de echar de menos a mi cachorro… los viruseeees!! nos han atacado por todos los flancos, poniendo a prueba constantemente las defensas de Koalín. Tanto es así que ahora lleva casi dos semanas sin ir, por prescripción médica de la pediatra y aunque parezca mentira estos días de encierro le están yendo bien para recuperarse, pero él en la guarde se lo pasa fenomenal con sus amiguitos y su profe, que es cariñosísima así que ya tenemos ganas de volver que además tocan celebraciones navideñas!

Mi futuro laboral volverá a ser incierto en un par de meses, pero como no me canso de decir soy una superviviente… si este se acaba, otros trabajos vendrán. Todo sea para que mi koalita tenga unas ramitas de bambú que llevarse a la boca…

Abrazos(de Koala)

 

koala